Standback News #9 - Abril 2013
Título de sección "Sabores, viajes y encuentros"

Buscadores del Oro líquido

Por María Adrover

"Demasiado de algo es malo, pero demasiado de un buen whisky es apenas suficiente". Mark Twain, escritor.

El whisky, nacido entre los celtas, crece entre adeptos argentinos que descubren complejos aromas y sabores
en ese brebaje de colores oro, cobre o ámbar. El consumo sofisticado no sólo avanza entre los amantes tradicionales sino que también asoma con fuerza en el universo de mujeres y jóvenes. Sinónimo de status
y buen gusto, el whisky no defrauda en múltiples versiones y maridajes, con opciones para conocer de a poco
sus virtudes.


Whisky


De nobleza indiscutible, intenso, seductoramente dorado y de aromas complejos, el whisky es un indispensable entre paladares exquisitos. Su linaje se aprecia de manera especial cuando bajan las temperaturas y se multiplican esas ocasiones en las que se busca un sillón mullido, un buen libro, una charla entre amigos o un rato de silencio reflexivo.

El rey de los aguardientes se bebe en todo el mundo y la Argentina no es la excepción; se consumen poco más de 11,2 millones de litros por año, a razón de 0,28 litros por habitante por año. Aunque nuestro país no está a la cabeza en materia de adeptos y sigue siendo una bebida disfrutada por pocos, lentamente se va ampliando la brecha de descubridores entre mujeres y jóvenes que no sólo lo disfrutan de la forma tradicional, solo, con hielo o agua, sino también como el ingrediente principal de cocktails, mezclado con jugos y gaseosas.

Al mismo tiempo, la tendencia marca un crecimiento de los segmentos premium, de la mano de paladares más sofisticados. Es que el sol líquido, como lo definió el escritor irlandés George Bernard Shaw, esconde en su complejidad un universo de aromas y sabores que sólo pueden ser descubiertos con el tiempo.

Cada tipo de whisky tiene detrás un proceso de manufactura diferente. Los “blended” incluyen una mezcla de distintas cepas de whisky, mientras que el whisky Single Malt es un destilado producido en una única destilería a partir de la fermentación de un cereal malteado, usualmente la cebada. Estos maltas puros son especialmente apreciados por los conocedores y entre las marcas más populares de este tipo de whisky están Glenfiddich, The Glenlivet y The Macallan.

Irlandeses y escoceses son los herederos indiscutibles del proceso de elaboración tradicional de un whisky de renombre mundial, mientras que la versión americana también gana adeptos incondicionales y, últimamente, las propuestas japonesas cosechan premios y fanáticos en todas partes.

Según su procedencia, se clasifican de distinta manera. Los pretigiosos whiskies escoceses, también llamados tipo scotch, son generalmente destilados dos o tres veces. Escocia es el primer productor mundial: 1.200 millones de litros emanan cada año de más de 300 destilerías, a partir de cebada malteada, levaduras y agua de los arroyos de las tierras.

Los irlandeses son elaborados en base a cebada, y se caracterizan por su triple destilación, un proceso que los vuelve suaves y delicados. Un ejemplo es el Whiskey Jameson.

El whisky canadiense suele ser más suave y ligero a partir del uso de centeno malteado, en tanto el whisky estadounidense se elabora, según la legislación local, en base de maíz por lo menos en una concentración del 51%. Entre los tipos más comunes están el bourbon (destilado y envejecido en Kentucky, donde nació el conocido Jack Daniel’s),corn whisky (con un mínimo de 80% de maíz) y rye whisky (al menos 51% de centeno). Cada variante tiene sus propias condiciones en el proceso de destilado y envejecimiento. Algunas de las marcas más famosas de whisky estadounidense son Jim Beam, Jack Daniel’s, Evan Williams y Wild Turkey, entre otras.

Aunque menos conocido, el whisky Japonés se destaca por su gusto potente y carácter fuerte, en variedades blended y single malt. Es un producto de muy alta calidad que viene ganando premios y lentamente trasciende las fronteras de su territorio.

Tradición e historia

El whisky –en gaélico el término significa “agua de vida”- se obtiene de la destilación de un mosto fermentado de cereales como cebada, cebada malteada, centeno y maíz. Luego se envejece en barriles de madera, tradicionalmente de roble blanco. Su contenido alcohólico va entre 40 y 62% del volumen.

El whisky de malta tarda unos 15 años en envejecer, mientras que a los blended (whisky mezclado de grano y de malta, procedente de varias destilerías y los más económicos del mercado) y de grano les lleva unos seis años. Cuando está maduro pasa a la botella, en su estado óptimo. Es decir, ése es el momento ideal para consumirlo. Al contrario de lo que sucede con algunos vinos de calidad, que mejoran con el paso del tiempo, el mejor destino inmediato que se le puede dar a una botella de buen whisky está en un vaso de cristal, en medio de una pausa para disfrutarlo.

barriles

De maridajes posibles

Pese a su alto grado alcohólico, el whisky también puede ser un buen compañero de algunos platos. Para que no compita con el sabor de la comida, los expertos recomiendan que se diluya en agua, en partes iguales. Por su complejidad, hay que tener cuidado a la hora de maridarlo. Entre los platos posibles están el salmón ahumado, carnes de caza como venado, cerdo, cordero y algunos hasta se animan a elegirlo para acompañar langosta y mariscos.

Si estos maridajes le parecen excesivos y sigue prefiriendo los vinos y champagne a la hora de comer, el whisky puede ir muy bien a la hora de los postres, como tartas o dulces suaves. Y, por supuesto, acompaña idealmente a chocolate y habanos, con un buen café cerca.



Un poco de historia

Fue un fraile escocés, Juan Cor, quien logró  la primera gran producción de whisky, allá por el año 1494. Se dice que en un principio se consumía como una medicina y un antídoto contra la pena, en funerales o por personas que sufrían la pérdida de un ser querido.

Este regalo de los dioses, también, calentaba durante el invierno. Unos siglos después se comenzaron a mezclar whisky de malta con whisky de grano, más liviano y barato, lo que llevó a la bebida a una evolución hacia los blended.

 

Cinco tragos con whisky

Mike Collins

En una coctelera echar cubitos de hielo, una cucharada de almíbar, 75 ml de whisky irlandés y el jugo de un limón. Agitar, servir, rellenar con soda y decorar con una rodaja de naranja.

mike collins

Whiscola

Batir cuatro medidas de whisky con hielo y bebida cola. Servir en un vaso alto.

Whiscola

Old Fashioned

Colocar un terrón de azúcar con dos toques de  angostura en un vaso corto Servir en un vaso alto. hasta disolver. Añadir dos medidas de whisky y hielo. Revolver y decorar con una rodaja de limón.

Old Fashioned

Manhattan

Poner un dash Amargo de Angostura, 7/10 de rye whisky y 3/10 de vermouth Rosso en una coctelera. Servir en una copa de cocktail con una cereza.

Manhattan

Irish Coffe

Echar un poco de azúcar al whisky y calentar a punto de ebullición. Hacer un café doble. Llenar 1/3 de taza para Irish Coffee con el whisky y completar, de a poco, con el café, evitando que se mezcle. Por último agregar crema de leche.

Irish Coffe

 

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