Cabezal Standback News #5
 
Título de sección "Sabores, viajes y encuentros"

Navidad, época de excepciones

Las Fiestas se acercan y nadie queda indemne a esa energía que distingue a esta época del año. Son tiempos de darse gustos, romper las tradiciones o aferrarse a ellas, en familia, con amigos o también solos. Pero nunca indiferentes.

Por María Adrover

Navidad

Sin nieve ni hombrecitos de jengibre, en estas pampas las navidades son un momento especial. Aún para los que dicen odiarlas y van a las reuniones bajo protesta, no dejan de ser tiempos singulares. Porque a los argentinos nos gusta celebrar, juntarnos, brindar, comer rico, reír fuerte, discutir, argumentar, debatir y descorchar. Y la Navidad es una de las grandes ocasiones del año para hacer todo eso.

El Banquete

En estos días se habla de amor, buenos deseos y paz. Pero, sin dudas, en estas tierras la prioridad es… qué comemos. Las raíces tiran y las recetas más tradicionales heredadas de los abuelos no se ponen en discusión: vitelo tonato, el infaltable matambre, lengua a la vinagreta o un lechoncito bien adobado suelen ser los primeros en decir presente en la mesa. Pero como las celebraciones son también una gran oportunidad para animarse a un nuevo protocolo por qué no arrimarse a la parrilla y, esta vez, acomodar con distinción gourmet unos pinchos de langostinos o de pechugas de pollo envueltas de panceta, enhebradas en ramas de romero y rociadas con oliva.

O para olvidarse del menú folclórico y reemplazar el tenedor por palitos y agasajarse con sushi.

O para animarse a meter las manos en la masa, llenar la caa de perfume a levadura y pan horneado y llegar a los dulces con un panettone artesanal y bien casero.

Vitel Thone   lengua a la vinagreta   pan dulce

Néctar de los dioses

Son tiempos de brindis y a la hora de llenar las copas, la vinoteca argentina ofrece un catálogo digno de los dioses.
Desde los más densos y complejos hasta los vinos frescos y frutados que forman parte de la nueva tendencia, la oferta que surge de los viñedos locales tiene opciones para todos los paladares y tipo de consumidores. Allí, cada uno debe hacer su propia experiencia con bodegas tradicionales o con nuevas propuestas que, en materia de cepas, terruños y etiquetas, no dejan de sorprender.

Y, por supuesto, están los espumantes, el boom que dejó de estar relegado al brindis. Pueden ser perfectos compañeros desde el comienzo mismo de la cena. Además de los elaborados con cepas clásicas como chardonnay o pinot noir, en el mercado se encuentran hoy espumosos elaborados a partir de la emblemática malbec, torrontés, viognier o bonarda. Las opciones son variadísimas, de hecho la mayoría de las bodegas tiene hoy su propia versión de burbujas.
Los espumantes son excelentes aperitivos y, según su acidez y volumen, resultan maravillosos compañeros de aves, pescados, mariscos y hasta ahumados. Infaltables con los postres son los espumosos dulces y rosados (refrescantes y frutados, que cada vez más se abren camino en los paladares criollos).

Champagne   Vino blanco   Vino rosado

Festejos peculiares

En el jardín, la terraza, el balcón, el comedor de un departamento, o en la calle cerrada por los vecinos del barrio en los festejos de los pueblos, los argentinos se entregan a la celebración navideña en un cóctel de ritos religiosos y paganos. Se mezclan viejos con sus nietos, quienes lloran a sus muertos mientras brindan con sus amores, las ausencias, los niños correteando, los que caminan solos por las calles vacías de las ciudades, las niñas que presentan a sus novios a la hora de las almendras y las castañas, los tíos que se visten de rojo, soportan la barba y las botas altas con estoicismo y, campana en mano, saltan el tapial para sorprender y asustar por igual a los más chicos, los cánticos religiosos, los fuegos de artificio, los abrazos cariñosos, los de ocasión, los inevitables, los evitados, los buscados, los apretados y los reprimidos.

De a dos, de a montones, incluso a solas, la Navidad no es un día más y resulta casi imposible no contagiarse de esa energía que traspasa a hombres y niños. Porque son tiempos de buenos deseos, de balances, de dejar atrás lo que no salió bien, aprender las lecciones y apostar de nuevo al año que está por empezar. Porque el aire está cálido y el aire huele a jazmines. Porque hay niños que crecen en los vientres de mujeres que se bambolean al compás la magia de la vida. Porque las vacaciones están cerca. Porque hay regalos que dar y recibir. Porque las nuevas sensaciones son arbitrarias y anárquicas y esperan a la vuelta de esquina hasta a los más viejos y desencantados. Porque es época de cerezas y de darse un gusto. Porque todavía hay tiempo para reinventarse. Porque con sidra o champagne francés, siempre habrá un gran motivo para brindar.



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